Minería
Hasta los inicios de la década de 1990, la
minería argentina se concentraba en la producción
de rocas para la construcción. Desde
entonces, a partir de la sanción del régimen
de promoción del sector, la apertura de la
economía, el fomento de la inversión extranjera
directa y las flexibilidades medioambientales,
la minería inició una transformación e
inserción internacional basadas principalmente
en la extracción de metales, en particular
cobre y oro (Moori Koenig y Bianco,
2003). La transformación estuvo liderada casi
en exclusiva por corporaciones multinacionales,
cuyas inversiones crecieron rápidamente.
El capital invertido pasó de US$83 millones
en 1992 a poco más de US$1000 millones en
1999, aumento que se explica principalmente
por el desarrollo de tres grandes emprendimientos
orientados al mercado internacional:
Bajo de la Alumbrera (cobre y oro) y Salar
del Hombre Muerto (litio), en Catamarca,
y Cerro Vanguardia (oro) en Santa Cruz.
Las inversiones anuales alcanzaron US$1771
millones en 2008, mientras que las exportaciones
llegaron a US$3558 millones.
Los productos de la minería tienen un valor
agregado extremadamente bajo, y la mayoría se
destina al mercado externo. Por ello, los proyectos
mineros son enclaves de exportaciones
de bajo encadenamiento productivo y poca
generación de empleo, un fenómeno común a
otros países de América del Sur, que se produce
en un contexto de acelerada relocalización de
la producción minera mundial (Prados, 2005).
(fuente: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo: "Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2010, Desarrollo Humano en Argentina: trayectos y nuevos desafíos", pág.47.)
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